sábado, 28 de febrero de 2009

PASAR DEL TIEMPO

Hoy me duele el cuerpo y quisiera estar el día acostado. Escribiendo, pensando, dejándome estar. Mi mujer da vueltas por la casa, planificando sus cosas y yo me siento algo culpable, pero me quedo, ensimismado. Mis hijos, que son una delicia van y vienen jugando. De vez en cuando intercambiamos palabras, besos y abrazos. Es una maravilla esta casa, un espacio perfecto, un lugar completo.
Aprovecho de ver sus videos, jugando en la plaza. Me conecto con el paso del tiempo. Están bellos, como siempre, como ahora mismo. Me gusta y no me gusta verlos. Al hacerlo constato el movimiento hacia el final. Cada vez dependen menos de mí, cada vez estarán más lejos.
Me doy cuenta que como todo en la vida, envejecer tiene dos polos. Por un lado, te vas volviendo más paciente, más tolerante, menos apresurado. Por otra parte, estás más cansado, te duelen las articulaciones y te vas alejando de la cotidianeidad. Con los años vas perdiendo presencia en el mundo y hay algo de dolor allí. Como un legado que se actualiza, vas en retirada, invisibilizándote, quitándote de en medio.

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