viernes, 2 de mayo de 2014
CONVERSACIONES CON SIMON III: La paradoja gringa
S: ¿Papá, es verdad que en EEUU matan a algunas personas?
Yo: Lamentablemente en muchos lugares matan gente hijo
S: Nooo, yo digo que en EEUU es el gobierno el que mata a la gente
Yo: Ahh, tú te refieres a que allí matan a algunas personas que cometen delitos
S: ¿Qué es un delito?
Yo: hacer algo que está prohibido por la ley
S: Eso, eso. ¿Y qué cosas hacen esas personas como para que las maten?
Yo: Bueno, por ejemplo, haber asesinado a alguien....
S: Pero papá, entonces en EEUU no va quedar nadie vivo en un tiempo más
...
Yo: Es verdad hijo, tienes razón
domingo, 12 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
CONVERSACIONES CON SIMÓN II
Camino al cole con mi hijo Simón mantuvimos el siguiente diálogo, a propósito de la música de Bob Marley. Vamos cantando "Get up stand up" y le digo:
R: Ese es uno de los músicos favoritos de mamá
S: Si, lo sé. ¿Qué significa la canción?
R: Vamos, levántate, lucha por tus derechos
S: ¿Cómo?
R: Por ejemplo, lo que yo hice con mi trabajo, con el juicio
S: ¿Cómo?
R: ¿Viste que ganamos?
S: ¿Por qué era el juicio?
R: Porque no me pagaban las vacaciones, ni mis cotizaciones previsionales
S: ¿Qué son las cotizaciones?
R: El dinero que las empresas tienen que pagarle a sus empleados para que puedan vivir cuando estén viejitos y ya no trabajen
S: ¿Y por qué no te lo pagaban?
R: Porque son unos delincuentes
S: ¿Y tú eras el único al que no le pagaban?
R: Jajaja, no. Son muchos...
S: ¿Pero todos están en juicios?
R: No. No todos escuchan a Bob Marley
S: Ah!
R: Que tengas un buen día en el cole hijo maravilla, te amo.
S: Chao!
R: Ese es uno de los músicos favoritos de mamá
S: Si, lo sé. ¿Qué significa la canción?
R: Vamos, levántate, lucha por tus derechos
S: ¿Cómo?
R: Por ejemplo, lo que yo hice con mi trabajo, con el juicio
S: ¿Cómo?
R: ¿Viste que ganamos?
S: ¿Por qué era el juicio?
R: Porque no me pagaban las vacaciones, ni mis cotizaciones previsionales
S: ¿Qué son las cotizaciones?
R: El dinero que las empresas tienen que pagarle a sus empleados para que puedan vivir cuando estén viejitos y ya no trabajen
S: ¿Y por qué no te lo pagaban?
R: Porque son unos delincuentes
S: ¿Y tú eras el único al que no le pagaban?
R: Jajaja, no. Son muchos...
S: ¿Pero todos están en juicios?
R: No. No todos escuchan a Bob Marley
S: Ah!
R: Que tengas un buen día en el cole hijo maravilla, te amo.
S: Chao!
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Feliz Navidad
No participo de la navidad porque no me provoca nada especial. Creo que con el paso de los años he logrado al fin conectar con mi corazón y darme cuenta de que no estoy obligado a nada, y que no hay por qué sentirse culpable con ello. Pasé años participando de una fiesta que no me hacía sentido, pero hoy no lo hago, simplemente porque no lo siento. La navidad no me provoca nada igual que no siento nada en particular con mi cumpleaños, la semana santa, el año nuevo, y tantas otras fechas. Para mí son sólo días, tan sencillos y tan maravillosos como todos. Por eso no celebro navidad. Sin embargo, hay muchos otros días que celebro, por estar vivo, por ver a mis hijos crecer, por amar a mi mujer, por aprender en este viaje misterioso y doloroso que es la vida. Debido a esas razones y muchas otras, que con frecuencia se me tornan como muy relevantes, en mi casa se celebra seguido, casi podría decir que demasiado seguido, con vino, mucho vino, con rica comida, con besos y abrazos. Yo diría que somos una familia en permanente celebración, lo cual no excluye por cierto los conflictos, las rabias, las penas, los miedos, los dolores que creo que deben celebrarse también.
martes, 9 de marzo de 2010
lunes, 9 de marzo de 2009
LA INTOLERANCIA (Publicado originalmente en Suramérica)
Es sabido que los chilenos tenemos un marcado interés por el auto-conocimiento nacional. Supongo que la confusión respecto de la propia identidad y el empeño por su construcción serán rasgos propio de los países jóvenes, quienes al igual que los adolescentes buscan diferenciarse y resaltar como alguien único y diferente. Algunas manifestaciones de esta angustia de diferenciación presente en nuestra sociedad, pueden observarse por ejemplo en el exacerbado interés nuestro por saber cómo nos ven los extranjeros (pregunta típica en conversación con extranjeros es ¿qué te parecen los chilenos?) Otros ejemplos de este rasgo encontramos en nuestras reiteradas y discutidas participaciones en rankings y competiciones internacionales. Tenemos desde nuestros famosos triunfos en el campeonato mundial de canciones nacionales y banderas más hermosas, hasta nuestro “honroso” lugar en el listado de transparencia internacional respecto del ranking de corrupción.
En esta oportunidad, la pregunta sobre la cual me interesa dar algunas luces en este artículo, es la siguiente: ¿Somos tolerantes los Chilenos? Tolerancia según el diccionario de la Real Academia Española es “el respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás aunque sean diferentes a las nuestras”, y también, “margen o diferencia que se consciente en la calidad o cantidad de las cosas”. Atendiendo esta idea, me pregunto, ¿acepta el chileno la diversidad, la diferencia? Mi tesis es que bastante poco, o al menos no todo lo que yo pienso que debiéramos. Somos sin duda un país con una impresionante respuesta inmediata a las urgencias de los más necesitados. Pero ¿qué pasa con el largo plazo? Vergonzantemente, nuestra visión respecto de la diversidad tiene características chatas y corto placistas. Trabajo en educación y lamentáblemente, me topo todos los días con la cultura homogenizante y marginadora de nuestros sistema educacional. Los niños problema, los niños inquietos, los inmigrantes, los jóvenes drogadictos, los de aprendizaje lento, las adolescentes embarazadas. Todos ellos constituyen grupos que van siendo segregados o discriminados en nuestra aulas, como si fuesen manzanas podridas en riesgo de generar la pudrición general. De donde deriva esta tendencia nuestra a querer que todos sean iguales. El psiquiatra austriaco Wilhem Reich pensaba que la respuesta se encontraba en la represión de nuestras emociones. Denominó Plaga Emocional al fenómeno social de desierto afectivo. Pensaba que los seres humanos producían culturalmente un sistema basado en la represión emocional, es decir en la interrupción del libre flujo de la energía (sexual) que se traducía en conductas fascistas e intolerantes. Otro elemento relacionado con este fenómeno, es la importancia, exagerada, que presenta en nuestra cultura el modelo médico como aspecto rector de la normalidad y la anormalidad. Diferenciamos entre lo normal y lo anormal bajo un prisma médico, prisma que es eminentemente estadístico, lo cual significa que lo normal es lo más numeroso, un criterio que atenta por cierto, contra la democracia y el respeto por las minorías. La verdad es que la esencia de la naturaleza es la diversidad. Si observamos con detención el árbol de limones veremos que no todos son iguales. Los hay grandes, pequeños, verdes, amarillos (unos estarán maduros mientras otros aún estan secos ) y pasmados. También habrá otros que simplemente se caeran antes de tiempo. Y está bien. A la naturaleza no le preocupa en absoluto la diferencia. Pero ahí está el hombre con su tendencia homogenizante, que le corta orejas y rabo a los perros “para que se vean bien” (últimamente he escuchado de tratamiento con Ritalin para mascotas hiperactivas). Los seres humanos somos maravillosamente diferentes, y en el espectro se encuentran unos más inteligentes otros menos, unos creativos otros menos, unos oscuros, otros claros, chicos y grandes, relajados, más tensos. Comprender este hecho constituye un cambio de postura corporal ante el mundo. No se trata solamente de la aceptación de la diversidad como un asunto propio de la educación y las buenas costumbres de un país que pretende ser desarrollado. Se trata de un cambio personal y más profundo que tiene que ver con una comprensión no intelectual de la belleza de la diferencia. Tal vez Reich tenía razón y la cura se encuentra en una liberación de nuetra energía orgónica (sexual). Por eso, me alegro sobremanera de catarsis colectivas como la Tunnick Performance de algunos años, los conciertos masivos, la visita de la pequeña gigante, la llegada de los inmigrantes y un largo etcétera de momentos y espacios que se han ido creando con los años en en este país, sacudiéndolo de su aislamiento geográfico y mental. A este país le hace falta una profunda terapia que le libere de los atascos y amarras de un largo proceso de dictadura política, social y cultural, con resabios de represión emocional individual. Dicen que Chile se ha abierto por fin al mundo. Bienvenida entonces esta apertura de país, que ojalá podamos transformarla también en en apertura mental individual.
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