sábado, 28 de febrero de 2009

PASAR DEL TIEMPO

Hoy me duele el cuerpo y quisiera estar el día acostado. Escribiendo, pensando, dejándome estar. Mi mujer da vueltas por la casa, planificando sus cosas y yo me siento algo culpable, pero me quedo, ensimismado. Mis hijos, que son una delicia van y vienen jugando. De vez en cuando intercambiamos palabras, besos y abrazos. Es una maravilla esta casa, un espacio perfecto, un lugar completo.
Aprovecho de ver sus videos, jugando en la plaza. Me conecto con el paso del tiempo. Están bellos, como siempre, como ahora mismo. Me gusta y no me gusta verlos. Al hacerlo constato el movimiento hacia el final. Cada vez dependen menos de mí, cada vez estarán más lejos.
Me doy cuenta que como todo en la vida, envejecer tiene dos polos. Por un lado, te vas volviendo más paciente, más tolerante, menos apresurado. Por otra parte, estás más cansado, te duelen las articulaciones y te vas alejando de la cotidianeidad. Con los años vas perdiendo presencia en el mundo y hay algo de dolor allí. Como un legado que se actualiza, vas en retirada, invisibilizándote, quitándote de en medio.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Lo bueno de escribir

Recientemente he comenzado a recibir el feedback de algunos amig@s en torno al blog. Básicamente, me dicen que es muy personal, que está bien escrito y algunos me transmiten también un cierto grado de impacto por el contenido y la exposición observada. Todo esto me invita a reflexionar sobre las razones por las cuales escribir y publicar
Lo primero que surge es el placer de hacerlo. Luego, me doy cuenta que cuando escribo, puedo ver desde fuera mis pensamientos y emociones. Al observarlos, aprendo infinitud de cosas, sobre mí mismo y sobre el humano que soy. Parece que me desarrollo en este proceso, que me hago más consciente de mis posibilidades. Creo que me flexibilizo y logro estar algo menos apegado a aquellas cosas que no son esenciales.
Me percato también de mi necesidad de expresar. Si fuese dibujante, la pintaría como una espiral ascendente que crece sin parar. Se caracterizaría porque en los niveles inferiores tiende a diluirse, cayéndose como arena, perdiendo la solidez que tiene en cambio en los pisos superiores. Mientras más crece mi espiral, nuevos círculos se crean hacia arriba, desapareciendo los antiguos pisos abajo, en un proceso que parece nunca terminar. Lo que cae son mis estados mentales, al ser observados se transforman en arena. Lo que crece son las nuevas formas que adquiere mi ser, a medida que toma consciencia de sí mismo. Es el hombre un animal del darse cuenta.
Expresar me permite continuar con mi espiral en desarrollo. Escribo-observo-me diluyo-me transformo-y crezco. Podría ser un blog, una conversación, lás páginas de un cuaderno, un dibujo, y cualquier otro camino que me permitiese sacar fuera. Para mí la escritura es la vía regia al desarrollo. Me gustan las palabras escritas. Disfruto con su sonido, con las estructuras que surgen al combinarlas, con las infinitas posibilidades que emergen cuando se plasman en alguna parte, permitiendo su lectura. Por otra parte, con 40 años a cuestas soy un poco más seguro cada vez. Ya no dudo tanto como antes, tengo menos miedos que me frenen y siento que mis pensamientos importan. En verdad, son todo lo que realmente tengo y me gusta imaginar que algo pueden aportar al quedar escritos aquí fuera.

martes, 17 de febrero de 2009

Laguna de paz

Stop! Aquí tiene usted una pausa. Descanse un momento, disfrute e imagine nuevas posibilidades, tome usted un tiempo de seguridad, un espacio de control, la tranquilidad que necesita para planificar, para imaginar otro mundo posible, para proyectar nuevos escenarios. Se merece usted esta pausa, al igual que todos los otros, se la merece, aunque a algunos parezca nunca llegarles. Agradezca entonces su aterrizaje

¿De qué se trata todo esto?. Que llegaron las lucas desde el viejo continente. A mantenernos en carrera. Se agradece infinitamente a la familia: por el afecto. Al universo, porque siempre hay algo que nos salva. Con este breve aro pagamos el agua, la luz, el gas y el teléfono. Mañana iremos por el colegio de los niños. Y seguiremos siendo dignos, flotando en estas aguas turbulentas, resistiendo el hundimiento definitivo.

Esta noche hubo vino en casa, como hace mucho no se sentía. Un recuperar cierta liviandad. El dinero tiene ese poder de abrirte horizontes, liberarte, permitir que afloren otros pensamientos. Pienso en la piramide de Maslow. Tenía razón el viejo Abraham, no se puede soñar con la iluminación cuando faltan las lucas. Tu mente sólo tiene espacio para lo que falta y se hace dificil crear cuando están cortándote la luz.

lunes, 16 de febrero de 2009

Tener o no tener

Es curioso pero cuando llegas al fondo de la debacle económica, hay un punto en el cual comienzas a sentirte libre. Es como un recuerdo fugaz de la adolescencia, cuando el verano no era más que una mochila, la carretera y ni un peso en el bolsillo. Entonces, un pan con tomate era la gloria absoluta y el destino, cualquier lugar posible. Algo de eso hay en el topar fondo, una especie de dejar que venga lo que venga. En eso estamos ahora, tratando de cocinar antes del corte de gas y con un contrato de arriendo falso por si llegan a embargar. No se sabe qué pasará mañana y de alguna manera nada está descartado. Es bajar un poco los brazos y soltar el control.
Hace un rato, escuchaba a Wilhem Dafoe decir en una entrevista que tanto en la fama como en la pobreza se ganan y se pierden cosas. Eres famoso, millonario y tus preocupaciones van en aumento. Hay màs cosas que asegurar, más cuentas que pagar y más casas que mantener. Eres pobre y vives un poco más libre pero no tienes el comfort que desearías. Lo terrible es que cuando tienes una cosa, siempre deseas la otra. Como dice FP: ¡Maldición, lo que perdemos lo volvemos a amar!
Ahora estoy en el polo de la insuficiencia, entregado. Mi teléfono celular recibe mensajes que dicen que me quitarán el número y yo pienso: qué tontería, para qué quiero un teléfono celular, ¡Què se lo lleven! Sé para que sirve, para trabajar más, para estar siempre disponible, para que te llamen, te ofrezcan nuevos planes, te cobren y te cobren.
En esas estamos, abandonando pequeños apegos absurdos, tratando de estar mejor. Pero mentiría si dijera que estoy absolutamente en paz abandonándome a mi suerte. Porque mi corazón salta cada vez que suena el timbre e imagino que llegan los chacales. Porque me jode no llevar a mis hijos a la playa. Pero tampoco sería todo lo honesto que quiero, si dijese que estoy completamente frustrado y angustiado. De hecho, a veces pienso olvidarme de todo y vestirme de alternativo. Salir a mochilear con mis dos hijos pequeños, comprar las bicicletas eléctricas y vender esta porquería de auto. Y aunque esos pensamientos me tranquilizan un poco, aún no soy tan radical como para aquello. Pararse en la carretera a esperar que alguien nos lleve a alguna parte. Comer cualquier cosa cuando nos de hambre y contarnos historias divertidas mientras nos dejamos llevar. Pedalear escuchando la radio, mientras fuera los autos tocan sus malditas bocinas y encienden sus luces en señal de ¡apúrate ctm!

martes, 3 de febrero de 2009

Por favor no me corten el gas!

03 de febrero por la tarde, aparecieron NUEVAMENTE los chacales. En esta oportunidad se trataba de Metrogas. Venían a cortar el gas. SIN-AS-CO. Aunque para ser riguroso, debo reconocer que los "suspendedores de suministro" de esta empresa, mostraron cierta sensibilidad humana. De hecho, es la segunda vez que vienen y en ambas oportunidades he logrado sortear el maldito trámite. Hoy tuve que transformarme en otro ser, uno que cuidaba la casa mientras los habitantes originarios vacacionaban. ¿Como cortar el gas a un tipo que tiene la buena voluntad de cuidar la casa de unos irresponsables? No sé si me compraron la actuación o sencillamente fue que al "suspendedor" le dio pena un tipo que llega al punto de trasvestirse para evitar el corte. ¡Patético!

Quedé mal, muy mal. Iba saliendo con mi mujer al médico y luego a pasear en bici con los niños. Todo se fue a la mierda. De vuelta a casa me esmeré por mantener la calma con mis hijos, encontrar el equilibrio entre no desesperarme, (porque no quiero comunicar que el dinero es tan importante), y ser honesto, porque no quiero evitar darles a conocer la realidad de las dificultades de la vida. Creo que lo llevé relativamente bien, considerando un contexto tan angustiante como este.

lunes, 2 de febrero de 2009

Toda una vida sin plata

Hoy picamos en cuadraditos muy pequeños la carne que trajo mi hermana hace dos días. Con arroz, muy bien dorada, quedó de lujo. Por la tarde con las últimas monedas que quedaban hasta el pago, compramos un paquete de spaghettis que Rosa hizo con salsa de tomates y champiñones. Un manjar, sin exageración niguna. Con $500 que "sobraron" jugamos una lotería, con alegre liviandad, porque el tiempo de las angustias parece ir en retroceso. Como dicen por ahí, "lo bueno de topar fondo es que ya no se puede bajar mucho más" o "lo que no te mata te hace más fuerte".

Toda una vida sin plata. Desde que tengo uso de razón que me acompañan las penurias económicas. Creo que desde pequeño estaba siempre algo preocupado por las lucas. Debo haber tenido unos 6 años cuando mi vecino Paul, me "regaló" unos billetes sustraidos a su madre para comprar autitos en el kiosko de la esquina. Llegué a mi casa excitado, anunciando el fin de los pesares económicos. Mi madre, que no era como las madres de ahora, medio que se enojó, me quitó todo y partió de vuelta a casa de Paul con mi tesoro tranformado en botín.

Probablemente no ocuparme de la plata ha sido el problema. No pensar en ella, no quererla, no desearla. Tal vez sea esa la razón de su lejanía. Había que guardarla en rollitos, con cariño debajo del colchón, depositarla en fondos mutuos. Yo en cambio, cada vez que tenía plata me compraba dos botellas de vino, una lata de conservas e invitaba a alguien a celebrar. No era plata para mí, era comida, era bebida, eran risas y compañia.

Por eso durante años me sentí culpable, creyéndome un despilfarrador irresponsable. Alguien falto de sentido previsor. Y aunque había no poco de verdad en esos juicios, hoy sé que ellos no me hablan del fondo del asunto. No es el amor al dinero la vía de solución a mi problema. La clave está en la austeridad, la sobriedad, la minimidad del comportamiento. No tengo lo que no me sirve, no hago lo que no me hace feliz, no intento demostrar nada a nadie. Por ahí vamos transitando a ver si las cosas se componen.